Lucas Mancinelli acrecentaba en la cancha su idolatría, aún más con ese golazo, sea olímpico o no. La euforia y la algarabía se desbordaban en los graderíos con el triunfo histórico 1-0 del Deportivo Cuenca ante el gigante Santos FC, de Brasil.

Lucas Mancinelli, un verdadero ídolo.

Entre los cánticos inagotables de la Crónica Roja y las emociones al máximo, en la General Sur se vivió una auténtica fiesta del fútbol. Desde antes del pitazo inicial hasta el final, el choque entre cuencanos y brasileños en la apertura del Grupo D por la Conmebol Sudamericana 2026.

Una lluvia de papel picado blanco y enseguida la bandera gigante rojo y negra que se desplegó a lo largo y ancho de los graderíos.

Trompetas, bombos, tambores y platillos no paraban de sonar, en su intento por ponerle las notas musicales a los cánticos de la tradicional barra, dirigida por Juan «el Cuy» Segarra, quien terminó con el dorso desnudo dejando al descubierto en su espalda el tatuaje del escudo del Cuenquita querido.

Aquí se jugó un duelo aparte, «todos a cantar, sino para que chu… vinieron noveleros». A cada rato, los aplausos o las exclamaciones y de vez en cuando las manos al rostro o a la cabeza, mientras en el campo de juego, el arquero Facundo Ferrero (otra de las figuras del partido) y la defensa bloqueaban los furibundos ataques de la visita.

Los hinchas de la General Sur, junto a la Crónica Roja, vivieron una verdadera fiesta.
Fotos: Latido Morlaco (principal) y Jaime Plaza-Paso de Oro

Y no podía faltar el detallazo. El jugador Eddy Guevara se encaminó hacia la General Sur para entregar su camiseta a una pequeña hincha que había preparando un cartelón pidiédole esa deferencia.

Al final, los hinchas cuencanos salieron más que satisfechos, felices por la victoria bien trabajada por Deportivo Cuenca y que le dejó como lider en la tabla de posiciones del Grupo B, con tres puntos.

«Más que una pasión pasión, una tradición». Ese es el mensaje de la familia Cobos, que se unió a la celebración del triunfo cuencano.

Por Jaime Plaza

Más de tres décadas ejerciendo la mejor profesión, con preferencia en el periodismo escrito.

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