De golpe rompió los imposibles y el pesimismo en que estaba sumido de todo un país. Protagonizó la hazaña de conquistar el Olimpo, una suerte de paraíso exclusivo para los privilegiados.
El 26 de julio de 1996, Jefferson Leonardo Pérez Quezada conquistó la medalla de oro en 20 km. marcha (1:20:07) en Atlanta, Estados Unidos. El primer podio para Ecuador en toda la historia de los Juegos Olímpicos modernos.
Demostró que, con esfuerzo y determinación, sí se puede hacer realidad los sueños. Antes de su viaje hacia Atlanta, no habían buenos augurios y los titulares de los Medios de Comunicación no eran nada alentadores.
Su nombre lo marcó por siempre en oro, pero sobre todo abrió esa puerta que ningún ecuatoriano antes lo había logrado. Trazó un camino y se convirtió en inspiración para las siguientes generaciones. Así lo han reconocido marchistas como los marchistas ecuatorianos Daniel Pintado y David Hurtado, el brasileño Caio Bonfim y mucho otros. Hoy es un referente para el deporte y para el país entero.
La travesía hacia el sueño olímpico estuvo lleno de obstáculos, que a veces estaban a punto de vencerlo. Sin embargo, resistió paso a paso hasta el día tan esperado.
Me emociona haber sido el obrero de construir este camino. No es un camino asfaltado, es de piedra y es duro, pero quienes se atreven a recorrerlo encuentran la paz»
Jefferson Pérez, en entrevista con Diario El Universo
Y esta historia de oro empezó en el sueno de la familia Pérez Quezada, en El Vecino, un barrio tradicional de Cuenca, donde nació y creció Jefferson Leonardo.
¿Quién era Jefferson Pérez antes de Atlanta’96?
Un adolescente con muchas inquietudes y con una crisis extremadamente severa. Un adolescente que tuvo que enfrentar la migración de su hermano mayor, de quedarse huérfano de padre, de asumir la responsabilidad de mis hermanos menores, de convertirse en el compañero de su madre para todas las cosas buenas y malas».
A los 18 años fue su primera incursión olímpica. Representó a Ecuador en los 20 km. marcha de los Juegos Olímpicos de Barcelona, el 31 de julio de 1992.
No logró terminar la prueba, lo que desató ácidas críticas en su contra, de quienes cuatro años después se rasgaban las vestiduras ante su oro en Atlanta’96.
Él siguió. Su determinación pudo más frente a las limitaciones materiales. Sus condiciones innatas y técnica exiquisita hicieron que sea un predestinado a grandes hazañas. Su familia, su entrenador Luis Chocho, sus compañaeros de equipo fueron su sostén.
Incluso pronto se proclamó Campeón Mundial Juvenil en Seúl, Corea, el 16 de septiembre de 1992. Dos años antes ya había ganado bronce en el Mundial Juvenil de Atletismo, en Plovdiv, Bulgaria.
Hasta que el primer campanazo lo dio en los Juegos Panamericanos de Mar de Plata 1995. Allí ganó oro en los 20 km marcha, luego de un duelo de infarto con el mexicano Bernardo Segura. Ese era el aviso de que Jefferson Pérez estaba preparado para algo grande en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.
¡Hasta que llegó el gran día! Ecuador empezaba la jornada de ese 26 de julio marcada por un hecho histórico. Jefferson Pérez Quezada, a sus 22 años, bañaba de gloria olímpica al país. En medio de la aclamación del público que abarrotaba los graderíos, entraba victorioso al estadio de Atlanta para proclamarse el primer Campeón Olímpico ecuatoriano en la historia.
Ecuador entero celebró, con recibimientos apoteósicos en su Cuenca natal y otras ciudades. Y su nombre perdura por siempre.

